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¿Qué es un implante?
Se trata de pequeños tornillos de titanio, instalados en el hueso justo debajo de la encía, que sirven para soportar coronas que se asemejen de manera imperceptible a los demás dientes, o bien sujetan prótesis completas, ya sean fijas o removibles.
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¿En cuánto tiempo se pone el implante?
Hoy día se ven por doquier ofertas publicitarias de lo que se llama “carga inmediata”, es decir se colocan los implantes y los dientes en una sesión. Esta técnica la realizamos siempre que las circunstancias favorables lo permitan. No sería ético arriesgar la supervivencia de un implante por ofrecer una inmediatez que en algunos casos supondría una sobrecarga cuando se pueden dar otras soluciones muy aceptables.
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¿Todos podemos ponernos implantes?
La mayoría de la población es candidata, siempre que goze de un buen estado de salud general. Es preciso realizar un estudio médico y radiografíco para estudiar la vialidad del caso, verificar que es seguro y elaborar un plan de tratamiento.
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¿Cuánto duran los implantes?
Un implante dental está fabricado con titanio, metal bioinerte cuya característica principal es su que se une químicamente con el hueso mediante un proceso que llamamos osteointegración. La osteointegración puede ocurrir más deprisa o más despacio en función de la calidad y cantidad de hueso en contacto con el implante.
Una vez que se ha terminado este proceso de osteointegración es muy difícil perder un implante. Esto no quiere decir que estén libres de complicaciones, es decir, los implantes exigen los mismos cuidados de higiene oral que los dientes, ya que si el cepillado no es correcto, con el tiempo nos podemos enfrentar a una enfermedad conocida como infección periimplantaria, que acaba por destruir el hueso que rodea al implante.
Estadísticamente, y a largo plazo, se pierden entre uno y cinco implantes de cada 100 colocados, y esta situación generalmente se resuelve con la colocación de otro implante.
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¿Por qué es tan importante reemplazar los dientes perdidos?
La buena digestión de los alimentos comienza por la masticación, y sin dientes, los alimentos que se ingieren, no estarán bien triturados, lo cual es primordial en el proceso de digestión.
La potencia de los músculos de la masticación es enorme, y en condiciones normales, esta carga se reparte entre toda la dentición. Cuando se pierden dientes, los demás empiezan a asumir mayores cargas, empezando incluso a migrar fuera de su posición correcta, lo cual interfiere con la buena función masticatoria al perderse el ajuste oclusal perfecto que debe existir entre unas piezas y otras.
Otra consecuencia importante de la ausencia de dientes es que, con el tiempo, al no utilizarse el hueso que albergaba los dientes, éste se reabsorbe y desaparece.

